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30.10.10

El vino, un referente constante en la obra maestra de Cervantes Don Quijote


Siglos después de que Gonzalo de Berceo, el primer poeta de nombre conocido en lengua castellana, loara el vino, como premio estimulante por la creación de sus poemas:

Quier fer una prosa en romanz paladino,
en qal suele el pueblo fablar con so vezino,
ca no so tan letrado por fer otro latino:
bien valdrá, commo creo, un vaso de bon vino

y de que el Arcipreste de Hita hablara en su Libro del Buen Amor de los peligros de su consumo desmedido, las alusiones al vino en el Quijote son constantes. 
A lo largo del Quijote el vino aparece en más de cuarenta ocasiones: entre los pastores, en las bodas de Camacho, en bálsamos como el de Fierabrás, en el que el vino sirve de uso medicinal, pues, después de ser apaleado y malherido Don Quijote, cura milagrosamente sus heridas mezclando vino con un poco de aceite, sal y romero. Ocasión célebre fue  la de la aventura de los odres o pellejos de vino que don Quijote ensartó sin ningún miramiento creyéndolos desaforados gigantes y, además, enemigos.



Sin embargo, el caballero de la Triste Figura no aparece en ningún momento como consumidor de vino porque no era propio de caballeros andantes. No obstante, en su primera salida y a la llegada a la venta en la que entró como Alonso Quijano y salió armado caballero en la forma de  Don Quijote, éste es ayudado a beber por medio de una pajita, sin quitarle el casco de su armadura que se le había atascado. De otro lado, la figura de Sancho Panza sí que aparece mucho más apegada al gusto por el comer y el beber. A ella habrá que volver  en otras ocasiones.
En resumen, la gran obra cervantina no obvia la realidad cultural del vino, enraizada en los orígenes de las costumbres sociales humanas. "El vino, igual que la sana locura, corre por los caminos de la topografía del Quijote, se alza en las copas de hacendados y nobles y llena las botas de escuderos u odres de venteros en las encrucijadas de los caminos reales."
Evidentemente, no es casual que grandes escritores clásicos de la talla de Boccaccio, Rabelais o Cervantes hayan expuesto a la figura del vino como un arte con luz propia. Este y  la literatura, representan a dos de los placeres que nos deleitan día a día
Llegados aquí, no será descabellada la idea de tomar un buen vaso de vino, arrellanarse, abrir por la primera página el Quijote y dejarse llevar por su célebre comienzo: "En un lugar de la Mancha…"


Fuente : http://www.vinoymarketing.com/

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